Alfredo Sánchez Gómez

LA FIRMA

Testimonios

Alfredo Sánchez Gómez

“Hace un año, el día 6 de Agosto de 2011, tuve la gran alegría de conocer al Dr. Alejandro Decastro González, en la ciudad de Medellín, Colombia, a donde me desplacé para contratar sus servicios profesionales.

Mi interés era encontrar un verdadero profesional del Derecho: Honesto, diligente, leal a su cliente, con gran idoneidad en su ejercicio para que me representara ante una institución educativa del orden distrital y departamental, contra quien venía adelantando un proceso legal, por el cobro de mis prestaciones sociales y cesantías laborales de primer orden, las cuales se niegan a pagar, después de haber sido vencidos en derecho y pese a haber sido condenados por el Honorable Tribunal Administrativo del Departamento del Atlántico, el día 3 de noviembre del año 2003.

Fui despedido de manera arbitraria e injusta, el día 11 de noviembre de 1994, por lo cual, dicha institución fue condenada mediante sentencía emitida, por el Honorable Magistrado que le correspondió dicho proceso.

Mi interés en declarar lo que a continuación describo, reside en que después de haber tenido que enfrentar este proceso, de infierno, plagado de injusticias y manipulaciones perversas por parte de mis propios abogados. Aunque contratados para mi defensa, doce en total, se vendieron de manera deshonesta, traicionando mi confianza, y negociando con los abogados de la contraparte, a cambio de recibir dineros por debajo de la mesa, o como se dice en Colombia, de manera dolorosamente jocosa, “a mis espaldas”, y en algunos casos, dejando vencer los términos para que no hubiese posibilidad de interponer algún recurso de ley, a fin de salvar mi derecho al pago de mis prestaciones y cesantías, es resaltar el gran ejercicio profesional, del Doctor Alejandro Decastro González.

A un año de estarme representando como apoderado, el proceso se ha movido, lo que jamás pudieron hacer los anteriores apoderados en diecisiete años. Sus diligentes informes, bien orientadas, didácticos y por demás honestos y claros para un neófito en cuestiones de leyes, hoy por hoy, me devuelven la esperanza y la fe en la justicia, y en un gremio que, desafortunadamente, se ha venido a menos por unos cuantos miembros que se olvidaron del juramento de defender a sus clientes, como bien lo resalta el código de ética que les rige de manera no ciega.

En primera instancia, agradezco infinitamente a la familia que tuvo a bien contactarnos y recomendarnos sus servicios profesionales, sin los cuales hubiese dejado perder este proceso, vencido por el cansancio, y por los momentos de frustración vividos en tantos años de insistencia para que se hiciese justicia. Y en segunda instancia, agradezco al Padre Eterno, nuestro eterno guía, aún en los momentos más oscuros de nuestras noches, por haber forjado a este ilustre amigo y profesional del Derecho, que ha superado la noble herencia y solvencia moral de su señor padre (abogado él también), para que con su orientación y ejemplar servicio no termine corrompiéndose la sal, y generándose más violencia de la cual vivimos a diario los compatriotas colombianos.”